

El contexto lo explica: guerra en Ucrania, presión energética y problemas en cosechas en España. Resultado: menos oferta, más precio… y más delincuencia.
El 51% de los hurtos los cometen reincidentes y el 35% bandas organizadas. Y ojo al dato: la pérdida ya supone el 1,1% de la facturación del retail.
La clave es clara: cuando un producto básico se convierte en activo… cambia todo el sistema.
El aceite de oliva está experimentando una transformación inédita dentro del retail alimentario. De producto esencial en la cesta de la compra ha pasado a convertirse en un artículo de alto valor, con implicaciones directas tanto en el consumo como en la seguridad.
El encarecimiento responde a múltiples factores estructurales: tensiones geopolíticas derivadas del conflicto en Ucrania, incremento de los costes energéticos y logísticos, y una producción afectada por condiciones climáticas adversas en España. Este cóctel ha generado una reducción de la oferta junto a una demanda que se mantiene firme, impulsando los precios al alza.
En este contexto, el aceite se ha posicionado como uno de los productos más atractivos para el hurto. Su alta rotación, facilidad de almacenamiento y rápida salida en mercados paralelos lo convierten en un objetivo prioritario para delincuentes reincidentes y redes organizadas.
El impacto para la distribución es significativo. La “pérdida desconocida” ya alcanza el 1,1% de la facturación, obligando a los retailers a reforzar sus sistemas de seguridad. Desde soluciones tradicionales hasta tecnologías avanzadas como RFID, el sector busca proteger un producto que ha cambiado completamente su rol dentro del lineal.


El contexto lo explica: guerra en Ucrania, presión energética y problemas en cosechas en España. Resultado: menos oferta, más precio… y más delincuencia.
El 51% de los hurtos los cometen reincidentes y el 35% bandas organizadas. Y ojo al dato: la pérdida ya supone el 1,1% de la facturación del retail.
La clave es clara: cuando un producto básico se convierte en activo… cambia todo el sistema.
El aceite de oliva está experimentando una transformación inédita dentro del retail alimentario. De producto esencial en la cesta de la compra ha pasado a convertirse en un artículo de alto valor, con implicaciones directas tanto en el consumo como en la seguridad.
El encarecimiento responde a múltiples factores estructurales: tensiones geopolíticas derivadas del conflicto en Ucrania, incremento de los costes energéticos y logísticos, y una producción afectada por condiciones climáticas adversas en España. Este cóctel ha generado una reducción de la oferta junto a una demanda que se mantiene firme, impulsando los precios al alza.
En este contexto, el aceite se ha posicionado como uno de los productos más atractivos para el hurto. Su alta rotación, facilidad de almacenamiento y rápida salida en mercados paralelos lo convierten en un objetivo prioritario para delincuentes reincidentes y redes organizadas.
El impacto para la distribución es significativo. La “pérdida desconocida” ya alcanza el 1,1% de la facturación, obligando a los retailers a reforzar sus sistemas de seguridad. Desde soluciones tradicionales hasta tecnologías avanzadas como RFID, el sector busca proteger un producto que ha cambiado completamente su rol dentro del lineal.