

Sin embargo, este crecimiento convive con un escenario de creciente fragmentación comercial. Según los últimos análisis de aseguradoras de crédito y organismos internacionales, el comercio global, que creció un 3,5% en 2025, se estancará en 2026 por el impacto de la guerra comercial y el aumento de los aranceles.
El encarecimiento de los costes se trasladará a precios finales, reduciendo la demanda y frenando tanto el consumo como la inversión empresarial. A ello se suma la elevada incertidumbre geopolítica, que está retrasando decisiones de gasto y elevando las tasas de ahorro. Además, la anticipación de importaciones realizada en 2025 para esquivar nuevas tarifas ha agotado parte de la demanda futura, provocando ahora una desaceleración de los pedidos y del comercio logístico.
Las previsiones apuntan a que el comercio mundial no recuperará tasas positivas hasta 2027, con un crecimiento cercano al 2%, aún por debajo del PIB global. En este contexto, la eurozona crecerá en línea con la media mundial, mientras África destaca como la región más dinámica, impulsada por la integración comercial y la inversión en infraestructuras.


Sin embargo, este crecimiento convive con un escenario de creciente fragmentación comercial. Según los últimos análisis de aseguradoras de crédito y organismos internacionales, el comercio global, que creció un 3,5% en 2025, se estancará en 2026 por el impacto de la guerra comercial y el aumento de los aranceles.
El encarecimiento de los costes se trasladará a precios finales, reduciendo la demanda y frenando tanto el consumo como la inversión empresarial. A ello se suma la elevada incertidumbre geopolítica, que está retrasando decisiones de gasto y elevando las tasas de ahorro. Además, la anticipación de importaciones realizada en 2025 para esquivar nuevas tarifas ha agotado parte de la demanda futura, provocando ahora una desaceleración de los pedidos y del comercio logístico.
Las previsiones apuntan a que el comercio mundial no recuperará tasas positivas hasta 2027, con un crecimiento cercano al 2%, aún por debajo del PIB global. En este contexto, la eurozona crecerá en línea con la media mundial, mientras África destaca como la región más dinámica, impulsada por la integración comercial y la inversión en infraestructuras.