

Su peso se ha multiplicado por tres en las últimas dos décadas y las previsiones apuntan a que podría alcanzar la mitad del mercado antes de 2030.
Mientras tanto, las marcas de fabricante buscan diferenciarse con salud, innovación y conveniencia.
La batalla ya no es solo por el precio, sino por aportar un valor que el consumidor perciba como único.
Según NIQ, una vez que el consumidor incorpora estas referencias a sus hábitos, rara vez vuelve atrás, incluso cuando mejora su situación económica.
Actualmente, la marca blanca ya supone el 56% del volumen vendido y continúa ganando cuota en categorías clave.
Ante este escenario, los fabricantes apuestan por segmentos con mayor valor añadido, especialmente aquellos relacionados con la salud, las proteínas, los probióticos, el bienestar y la alimentación funcional.
El reto es claro: diferenciarse en un mercado donde el precio sigue siendo determinante.


Su peso se ha multiplicado por tres en las últimas dos décadas y las previsiones apuntan a que podría alcanzar la mitad del mercado antes de 2030.
Mientras tanto, las marcas de fabricante buscan diferenciarse con salud, innovación y conveniencia.
La batalla ya no es solo por el precio, sino por aportar un valor que el consumidor perciba como único.
Según NIQ, una vez que el consumidor incorpora estas referencias a sus hábitos, rara vez vuelve atrás, incluso cuando mejora su situación económica.
Actualmente, la marca blanca ya supone el 56% del volumen vendido y continúa ganando cuota en categorías clave.
Ante este escenario, los fabricantes apuestan por segmentos con mayor valor añadido, especialmente aquellos relacionados con la salud, las proteínas, los probióticos, el bienestar y la alimentación funcional.
El reto es claro: diferenciarse en un mercado donde el precio sigue siendo determinante.