

La clave: es compatible con control biológico, no deja residuos y además el difusor es biodegradable en suelo. Menos residuos, menos mano de obra y más sostenibilidad para uno de los mayores retos del tomate europeo.
La presión de Tuta absoluta lleva años condicionando la rentabilidad del tomate bajo invernadero. La capacidad reproductiva de esta polilla y su rápida expansión la han convertido en una de las plagas más complejas para los productores mediterráneos, especialmente en zonas de alta intensidad hortícola como Almería.
En este contexto, BASF presentó el pasado 5 de mayo RAK® Tuta, una nueva solución basada en la técnica de confusión sexual. El sistema libera feromonas dentro del invernadero para desorientar al macho e impedir que encuentre a la hembra, reduciendo así la reproducción de la plaga y ayudando a romper su ciclo biológico.
La estrategia no es nueva en agricultura, pero sí lo es el enfoque cada vez más integrado que está tomando el sector hortícola europeo. La combinación entre control biológico y tecnologías de bajo impacto gana peso ante las exigencias de sostenibilidad, reducción de residuos y presión regulatoria sobre fitosanitarios.
Uno de los aspectos que más interés despertó durante la jornada técnica celebrada en La Jábega fue precisamente la compatibilidad de RAK® Tuta con insectos auxiliares utilizados habitualmente en tomate, como Nesidiocoris, Orius o Trichogramma. Esto permite mantener estrategias de manejo integrado sin alterar el equilibrio biológico del cultivo.
Además, BASF pone el foco en otro elemento clave: la sostenibilidad operativa. El difusor está fabricado con material de origen vegetal y certificado como biodegradable en suelo. Frente a los sistemas plásticos convencionales, evita la retirada manual al finalizar campaña y reduce la generación de residuos agrícolas, un aspecto cada vez más vigilado por distribución y mercados europeos.
La duración estimada del dispositivo —entre 180 y 200 días— permite cubrir prácticamente un ciclo completo de cultivo bajo invernadero, reduciendo también costes de reposición y manejo.
Más allá del lanzamiento comercial, el movimiento refleja hacia dónde evoluciona la protección vegetal: soluciones más selectivas, compatibles con fauna auxiliar, alineadas con los objetivos de sostenibilidad y capaces de responder a un consumidor cada vez más exigente en seguridad alimentaria y huella ambiental.
Porque el gran debate ya no es solo cómo producir más.
La pregunta real es cómo proteger el cultivo manteniendo rentabilidad, sostenibilidad y acceso a mercado al mismo tiempo.


La clave: es compatible con control biológico, no deja residuos y además el difusor es biodegradable en suelo. Menos residuos, menos mano de obra y más sostenibilidad para uno de los mayores retos del tomate europeo.
La presión de Tuta absoluta lleva años condicionando la rentabilidad del tomate bajo invernadero. La capacidad reproductiva de esta polilla y su rápida expansión la han convertido en una de las plagas más complejas para los productores mediterráneos, especialmente en zonas de alta intensidad hortícola como Almería.
En este contexto, BASF presentó el pasado 5 de mayo RAK® Tuta, una nueva solución basada en la técnica de confusión sexual. El sistema libera feromonas dentro del invernadero para desorientar al macho e impedir que encuentre a la hembra, reduciendo así la reproducción de la plaga y ayudando a romper su ciclo biológico.
La estrategia no es nueva en agricultura, pero sí lo es el enfoque cada vez más integrado que está tomando el sector hortícola europeo. La combinación entre control biológico y tecnologías de bajo impacto gana peso ante las exigencias de sostenibilidad, reducción de residuos y presión regulatoria sobre fitosanitarios.
Uno de los aspectos que más interés despertó durante la jornada técnica celebrada en La Jábega fue precisamente la compatibilidad de RAK® Tuta con insectos auxiliares utilizados habitualmente en tomate, como Nesidiocoris, Orius o Trichogramma. Esto permite mantener estrategias de manejo integrado sin alterar el equilibrio biológico del cultivo.
Además, BASF pone el foco en otro elemento clave: la sostenibilidad operativa. El difusor está fabricado con material de origen vegetal y certificado como biodegradable en suelo. Frente a los sistemas plásticos convencionales, evita la retirada manual al finalizar campaña y reduce la generación de residuos agrícolas, un aspecto cada vez más vigilado por distribución y mercados europeos.
La duración estimada del dispositivo —entre 180 y 200 días— permite cubrir prácticamente un ciclo completo de cultivo bajo invernadero, reduciendo también costes de reposición y manejo.
Más allá del lanzamiento comercial, el movimiento refleja hacia dónde evoluciona la protección vegetal: soluciones más selectivas, compatibles con fauna auxiliar, alineadas con los objetivos de sostenibilidad y capaces de responder a un consumidor cada vez más exigente en seguridad alimentaria y huella ambiental.
Porque el gran debate ya no es solo cómo producir más.
La pregunta real es cómo proteger el cultivo manteniendo rentabilidad, sostenibilidad y acceso a mercado al mismo tiempo.